CONTEO MUNDIAL

23 oct 2013

LAS LÁGRIMAS DE DIOS



“Existe algo de magia en el hecho de creer” ese misterioso letrero se encontraba en la entrada del bosque prohibido, un lugar en el que no se podía entrar bajo ninguna circunstancia. Las leyes del reino lo prohibían. La pena para el que entrara era la muerte, pero jamás se aplicó esa pena a nadie, pues nadie que se hubiese aventurado allí volvió.

Pero incluso si no existiera ninguna ley que prohibiera la entrada, nadie en su sano juicio entraría. Allí siempre hay oscuridad, incluso a pleno día. Los arboles tapan el sol. Hace mucho frío y hay un silencio espectral que solo es roto por tétricos aullidos y toda clase de sonidos misteriosos.

¿Por qué alguien entraría en un paraje tan oscuro? yo os diré porque, por necesidad. Sí, fue la urgencia y la necesidad las que me trajeron aquí, a este paraje maldito que hasta la sangre hiela.

Me llamo William y soy un soldado del reino del sur. Desde que tengo memoria he sido un soldado, antes de eso era solo un mueble o incluso menos que eso. Mis padres murieron cuando yo contaba con seis años. Mi único padre es el Rey, a quien he sido leal desde siempre a pesar de que nunca lo he visto.

Durante años vagué en las calles sobreviviendo como podía hasta que cumplí los 13 años, edad en la que podía entrar al ejército real. Como este es un reino pacífico nunca tuve que probarme en batalla y nunca destaqué de ninguna forma, siempre fui un simple soldado más uno de los cientos al servicio del Rey.

Pero hace unos días el Rey enfermó gravemente. Según supe se encuentra postrado en la cama con una fiebre alta. Los médicos lo desahuciaron, le dieron 20 días.  Una tarde gris, mientras hacia mi ronda diaria escuché el llanto de una joven. Como era mi obligación fui a comprobar lo que sucedía.

Para mi sorpresa encontré a la mismísima princesa. Estaba sentada bajo una fuente y lloraba desconsolada. Era como ver una flor empapada por la lluvia. Su belleza era conocida incluso en otros reinos. Su piel era suave y tersa como un pétalo. El azul de sus ojos no sería opacado ni por cien anocheceres. Y su pelo se extendía como las dos enormes alas de un cuervo. Sus labios eran de un rojo manzana.

-¿Qué puedo hacer por vos, princesa?—Le pregunté a pesar de que sabía mis limitados recursos. Ella me miro y por un instante no pude moverme, estaba como paralizado por su belleza.

-La muerte es inevitable, nadie puede burlar sus fríos dedos. Aun así, nunca le dedicamos mucho tiempo a ese pensamiento porque es peligroso. Podría enloquecernos, podríamos volvernos despiadados y crueles o angustiarnos hasta el punto de no dejarnos vivir. Pero hay momentos en los que hay que afrontar la verdad, todos vamos a morir—dijo la princesa mientras derramaba unas tiernas y dolorosas lágrimas.

-Y si hubiera una forma de detener la muerte, aunque implicara romper varias reglas, ¿Qué me dirías princesa?—dijo la voz gutural de una anciana que acababa de aparecer misteriosamente. De inmediato desenfunde mi espada con idea de atravesarla ya que no solo su presencia era extraña si no que había traído ideas peligrosas. La anciana tenía un aspecto inocente y su pelo era blanco como la nieve. Su cara era arrugada pero tierna. Llevaba puesta una túnica gris y era una mujercilla pequeña e insignificante. Sin embargo, no baje la guardia.

-Deja que hable—suplico la princesa. Aunque éramos de la misma edad, ella pensaba más como una niña ingenua mientras que mi experiencia en las calles me hacia desconfiar de un ser tan extraño. A pesar de eso permití que tomara la palabra.

-Para empezar  es evidente que si quieres salvar a alguien que está predestinado a morir, la primera regla que debes quebrantar es la de la naturaleza. Pero aparte de eso. Existe en este reino un bosque cuyo paso está prohibido y con mucha razón pues los seres que moran allí harían temblar a los que moran en el infierno. Pero allí también hay un manantial cuya agua cura cualquier enfermedad, son las lágrimas que Dios derramo por la humanidad. Tocar esa agua condena a cualquier persona al infierno a no ser que el mismo Dios te las de, pero él no otorga esos dones a cualquiera.

-Princesa, no creas ni una palabra de lo que dice esta mujer, su lengua solo arroja veneno pero no por mucho más porque la arrancaré ahora mismo—dije con decisión. Pero cuando lance el golpe la bruja desapareció y desde entonces no la volvía a ver.   

Pero la princesa estaba decidida a entrar en el bosque a cualquier precio ninguno de mis consejos la persuadió. No puedo decir que no la entiendo. Yo mismo daría cualquier cosa para revivir a mis padres por muy alto que fuera el precio.

No hubo forma de persuadirla. Ese mismo día partió hacia al bosque en busca del manantial. Pero yo estaba alerta, sabía que lo haría, tiene la osadía de la juventud. La seguí hasta las puertas del bosque y le impedí que entrara.
-Detente, princesa—le dije—si entras allí violaras las leyes del reino, como soldado real no puedo permitirlo. Para mi sorpresa, la princesa desenfundo su espada. Ignoraba que tuviera una. Pero luego recordé que le enseñaron esgrima desde que era pequeña.

-Apártate soldado—dijo—mientras me lanzaba un golpe con su espada que casi me hace caer. Era una mujer muy fuerte, no hay duda.

Empezamos a luchar y ella me atacaba como si fuera el peor de sus enemigos. Parece que una mujer ama u odia, no hay una tercera alternativa. Su determinación era demasiado grande así como su habilidad para la lucha. Tuve muchos problemas y en más de una ocasión su espada rozo mi cuello. No salí bien parado de esa pelea. Sin embargo, a pesar de su destreza ella nunca ha estado en una pelea real en la que tu vida está en juego. La diferencia fue muy mínima pero al final pude desarmarla sin hacerle daño. Sus ojos se llenaron de lágrimas, supongo que era una mezcla de rabia e impotencia.

-Yo lo haré princesa—le dije, y me miro sorprendida—yo soy un soldado real, si alguien debe arriesgar su vida por el Rey, ese soy yo. Solo le pido que me dé un día y que en ese tiempo no entre al bosque bajo ningún concepto.

Ella acepto, todavía estaba muy sorprendida. Le prometí que volvería con el agua que salvaría a su padre y de inmediato supe que esa promesa tenía implicaciones muy grandes. La verdad, no soporte mirarla allí tumbada en el suelo. Era tan hermosa y fuerte, no podía soportar que sufriera tanto dolor. Ella es de la realeza, juré dar mi vida por proteger la casa del Rey, esa promesa me ataba, pero la verdad es que realmente deseaba proteger a aquella joven, supongo que eso es lo que llaman amor. También quería darle algún significado a mi vida. Y por todo eso es que estoy aquí, en este horrible paraje.

Solo llevaba un par de minutos caminado cuando noté una presencia y luego la vi. Era una mujer con un extravagante vestido victoriano. Su pelo era verde y con risos que caían por su espalda.  Sostenía un curioso paraguas en la mano y tenía una risilla aguda.

- ¿Cómo te llamas? y ¿Qué te parece tan divertido?—pregunté. Hace tiempo que había desenfundado mi espada, solo estaba esperando el momento justo para atacar.

-Soy Karen, habitante de este bosque. Lo que me divierte es que  hoy no es mi cumpleaños y, sin embargo, mírate, me han traído un juguete—dijo con una voz dulce de niña—hace siglos que ningún humano nos visitaba, me pregunto cuanto tiempo tardarás en enloquecer—dijo y su voz se oscureció de forma aterradora.

Se acercó a mí, toco mi espada con uno de sus dedos y la hoja se deshizo. Definitivamente no era una humana, ni tampoco un monstruo vulgar.

-He venido a buscar un manantial, ¿Sabes donde puedo encontrarlo?—le pregunté

-Buscas las lágrimas de Dios. Pero no son para ti. Que interesante. Estás dispuesto a condenarte al infierno por otra persona…., una mujer, que romántico. Y lo más probable es que te maten después de haber cumplido tú misión ya que estás violando las leyes del reino. Eres muy divertido. Me caíste bien, porque tanto si cumples tu misión como si no, en ambos casos te irás al infierno y podremos jugar eternamente—dijo mientras se reía. Era una mujer hermosa pero tétrica y temible, era bastante claro que se trataba de alguna especie de demonio.

- ¿Eso quiere decir que me ayudarás?—Pregunté ilusionado.

-Bueno, juguemos y si ganas te daré un pequeño empujoncito, pero si pierdes te daré otro empujón, pero al infierno—dijo mientras reía tétricamente.

-De acuerdo—respondí. No tenía otra alternativa.

-Bueno, déjame ver que tal funciona tu mente. Tu historia me recuerda mucho a un hombre que fue acusado de robar y condenado a muerte. Pero el Rey era justo y valoraba la inteligencia así que le dijo al hombre que podía morir envenenado o en la hoguera pero que lo indultaría si decía una frase que si resultaba ser cierta lo condenaría a la hoguera y si resultaba ser falsa lo condenaría a morir envenenado. Dime soldado, ¿Qué frase dijo el ladrón para salvarse?—dijo la mujer soltando una risilla estridente.

Nunca he sido bueno  para resolver ese tipo de acertijos pero debía resolverlo, había hecho una promesa. Pensé en la situación del ladrón y en lo mucho que nos parecíamos, yo también había venido a robar y también estaba entre la espada y la pared, moriría de cualquier forma y de cualquier forma iría al infierno. Así que pensé detenidamente en la situación. El ladrón debía decir una frase que de ser cierta significa que morirá en la hoguera y de ser falsa significa que moriría envenenado. Era algo retorcido pero también era lógico. Pensé que el ladrón solo tenía dos opciones morir en la hoguera o morir envenenado. Y dijera lo que dijera, para que la frase fuera cierta, sus palabras debían condenarlo a la hoguera. Cuando llegué a esa conclusión supe como resolverlo.

-“MORIRE EN LA HOGUERA”—dije—esa es la respuesta

-Sí, definitivamente morirás en la hoguera—dijo Karen maliciosamente—pero por ahora haz resuelto el acertijo, te felicito.

Era una respuesta lógica. El ladrón tenía dos formas de morir. Si la frase “moriré en la hoguera” era cierta el ladrón moriría en la hoguera y si era falsa significaba que moriría envenenado, de esa forma el acertijo quedaba resuelto. Aunque no me gustan los ladrones, deseaba que el ladrón se hubiese salvado ya que ambos parecíamos compartir un destino similar.

-¿Me ayudarás ahora?—pregunté.

-Hubiese sido más divertido que hubieras perdido, te habrías quedado conmigo para siempre. Pero como ganaste cumpliré mi palabra. El manantial está a quinientos metros hacia el norte de aquí y como premio por resolver el acertijo te dejaré seguir. Pero no creas que ya está todo hecho. No basta con llegar al manantial, también deben dejarte entrar y el guardián que cuida la entrada no es tan gentil como yo. Nos vemos en el infierno—dijo, mientras desaparecía y el eco de su sonrisa rebotaba en el oscuro bosque.

Camine los quinientos metros abriéndome paso entre la maleza con mis propias manos. A mi camino escuchaba gritos aterradores. Me cruce con toda clase de criaturas cuya monstruosidad no puedo describir con palabras. Pero todas me ignoraron, al parecer aquel demonio llamado Karen me había concedido un favor más, su protección. Por alguna razón le caí bien pero creo que la volveré a ver en el infierno. Su diablo ha bailado con mi demonio y la canción del violinista está lejos de terminar.

Finalmente llegué. Vi un manantial enorme, tenía más el aspecto de un lago, supongo que Dios derramo muchas lágrimas por nosotros. No puedo describir el color del agua pues despedía un brillo que me cegaba. Y frente al manantial estaba su guardián. Tenía un rostro hermoso pero no podría decir si era hombre o mujer. Su cuerpo era delgado y llevaba puesta una túnica blanca. De su espalda salían dos enormes alas, una blanca y otra negra.  Y alrededor de él flotaban algunas plumas. Me acerque a él con idea de entablar alguna conversación pero no pude ni dar tres pasos. Había una especia de barrera que lo impedía.

-Soy Lucifer—me dijo—ya sé, te estás preguntando que hace el padre de la maldad protegiendo un lugar tan puro. Este manantial es el símbolo mismo de la maldad y de la crueldad. Todos los humanos estáis destinados a morir pero Dios puso en la tierra un lago que evita la muerte ¿Para qué? Para torturar a los humanos como tú, darles una esperanza y después arrebatársela.

-Basta de palabras—dije y mi respuesta lo enfureció—no vine a escuchar tus discursos no me importa ni Dios ni el diablo, vine a cumplir una misión y conozco el precio del éxito y del fracaso. ¿Me dejarás pasar?
-Me muero de ganas de que llegues al infierno, puedo torturarte de formas que ni imaginas y eres la clase de persona que encaja allí. Tan valiente, tan resuelto, tan dispuesto a sacrificarte por los demás a pesar de que tu vida siempre ha sido decepcionante y de que no hay nadie en el mundo a quien le importes. Solo por eso te daré la oportunidad de que toques esa agua. Pero si no puedes hacerlo permanecerás aquí hasta que mueras y luego te llevaré al infierno, yo mismo recogeré tu alma.

-El precio ya ha sido establecido, ¿Qué debo hacer para entrar al manantial?—pregunté ansioso. Tenía el tiempo en mi contra. No solo me preocupaba que el Rey se muriera sino que la princesa se desesperase y entrase al bosque, si lo hiciese moriría aquí.

-De acuerdo, amigo William. Para coger este preciso líquido debes averiguar la forma de atravesar esta barrera. Lo normal es que la gente pase años pensando en este sitio hasta que mueren. Nadie nunca ha tenido éxito. Pero como quiero que triunfes y te vayas al infierno te daré una pista. Resuelve este acertijo y sabrás como obtener lo que quieres: “ni el fuego la quema, ni el agua la moja, ¿Qué es esta cosa?”

Una persona tiene que estar desesperada para aceptar la ayuda del diablo, desafortunadamente, esa era mi situación. Más acertijos en la oscuridad. Parece que las palabras tienen un poder distinto en este bosque. Pensé largamente acerca de la pista que me dio al diablo.

¿Realmente existe algo que resista el fuego y a la vez el agua? Uno pensaría que o resiste una cosa o resiste la otra. Le di vueltas a esa idea y llegué a la conclusión de que ese algo no debía ser material. Pero definitivamente no era el aire ya que este reacciona al fuego transformándose en humo. Debía ser algo sin materia. Luego pensé en la barrera. Era evidente que no dejaba pasar a nadie, solo a los seres como Lucifer, pero estos seres son energía, yo no diría que tienen un cuerpo.

A pesar de lo que el diablo dijo, debe existir una forma en la que un hombre acceda al manantial, de lo contrario ¿Qué sentido tendría la existencia de aquel lugar, era para torturarnos? No, incluso el demonio había dicho que existía una forma de entrar.

Por tanto pensé, que un hombre debía poder entrar, pero no físicamente él sino una parte de él que no fuera materia. Me examine de arriba a bajo, hasta que llegue a mis pies y me di cuenta. Todo el bosque era oscuro, el único lugar en el que había luz era allí, la que procedía del manantial. Entonces vi una parte de mí que era capaz de atravesar cualquier barrera, MI SOMBRA!!!

Me aleje un poco del manantial y vi como mi sombra se alargó un poco hasta que finalmente pude tocar el agua con la sombra de mi mano. Sentí el agua y de inmediato todas las heridas que tenía se cerraron. Después saque un frasco y con la sombra de él cogí un poco de agua, entonces el frasco se llenó mágicamente.

-Esplendido, no solo has resuelto el acertijo sino que enseguida tocaste el agua. Eso me autoriza para ponerte mi señal, tranquilo, no duele, solo es el símbolo de que tu alma me pertenece y que la recogeré cuando mueras—dijo Lucifer alargando una de sus manos de la que salieron cinco espantosas garras.

Sabía que ese era el precio pero estaba tan contento por haber cumplido con mi misión que ni siquiera opuse resistencia, ni sentí tristeza alguna. Salvaría al Rey y la princesa tendría una sonrisa en su cara de nuevo. Sus garras estaban a unos centímetros de mi frente cuando su cara de felicidad se transformo en cara de horror y se alejó rápidamente. Que extraño, pensaba que aquel ser había sido creado de tal forma que no temiese a nada.

-Es por mí, yo hago vivir y hago morir, eso infunde respeto—dijo una voz familiar. Era la anciana que nos había contado lo del manantial. Al parecer tampoco soy muy bueno juzgando a la gente. Quien quiera que fuese era lo suficientemente poderoso para asustar al demonio.
-Hola anciana, ¿Qué haces aquí?—dije

-Eres un estúpido—dijo Lucifer—esta es la clase de criatura patética a la que tanto amas, una que ni siquiera es capaz de reconocer a su padre cuando lo ve. Por ellos despreciaste incluso a tus más fieles seguidores, nosotros, tus hijos primogénitos.

-Puede que él no me conozca ni me haya visto nunca, pero cree en mí, eso es lo que hace grande a los humanos, ¿Por cuánto tiempo más seguiremos discutiendo lo mismo? Recuerda que somos inmortales, tenemos toda la  eternidad.

-Su alma es mía, me pertenece. ¿Recuerdas la regla, verdad? El que toque el agua irá al infierno, tú mismo estableciste esa clausula—argumento con habilidad el diablo.

-Es cierto. Pero también hice otra clausula que anulaba la anterior. El castigo se anula si yo mismo le doy mis lágrimas. Al final voy a ser más listo que el diablo—dijo con dulzura la anciana mientras me miraba—oh, vamos Luzbell, ¿De verdad crees que este hombre habría llegado hasta aquí sin mi ayuda? Pensaba que eras más astuto.

-No vuelvas a llamarme así, mi nombre es Lucifer. Siempre sucede lo mismo. Les dices a los hombres que vivan su vida con libertad y que se cuiden ellos mismos pero cuando están en problemas los rescatas, ¿A eso llamas libre albedrío?—dijo el demonio y no pude evitar pensar que tenía parte de razón. Sus argumentos eran muy fuertes. Menos mal que no hablamos demasiado. Sin darme cuenta estaba presenciando un combate terrible en el que las palabras eran capaces de herir la mente.

-Siempre olvidas que soy todopoderoso, tal vez porque tú no lo eres. Olvidas que todo lo que suceda, tanto lo bueno como lo malo, lo esperado y lo inesperado, procede de mi voluntad directa. Yo soy el que da el último visto bueno. Podría dejar morir a la mitad de la humanidad y salvar a la otra mitad. Podría ayudar al soldado o dejar que muriera. Sin embargo, sí existe el libre albedrío porque lo que altera mi voluntad es el comportamiento de los hombres y ese comportamiento es impredecible hasta para mí. Yo le dije al soldado que existía una cura para su Rey,  pero solo él sabía si iba a venir a buscarla. Quizás no habría venido si la princesa no hubiese venido y a su vez la única que sabía si iba a venir al bosque o no era la princesa. Como ves, no es que yo los ayudé sino que ellos se ayudan. Una cosa que alguien puede impedir y no lo hace, sino que permite que suceda, puede considerarse que procede de su voluntad. Esa es mi forma de actuar—dijo la anciana

Finalmente mi corto cerebro pudo comprender que aquella anciana era él mismísimo Dios en persona. Al mismo tiempo que mi mente tuvo esa revelación vi como el cuerpo de la anciana empezó a tener un brillo blanco misterioso.

-Una vez que crees lo ves, mi querido William, leíste el cartel de la entrada “existe algo de magia en el hecho de creer”, yo mismo lo escribí, ¿Original, verdad?—me dijo Dios,  mientras la luz me cegaba.

-Veo que están todos reunidos, ¿Por qué nadie me llamó?—dijo Karen, quien había aparecido misteriosamente. Su cabello había cambiado de color, ahora era rojizo y su vestido era negro.

-Hola mi pequeña—dijo Dios a la vez que la abrazaba tiernamente—Conoces a mi hija, ¿Verdad soldado? Le gusta jugar mucho pero es una buena chica y también tiene un duro trabajo. Es la encargada de recolectar las almas de los hombres, es el ángel de la muerte.

-Hola Lui—dijo Karen saludando con una mano al demonio, quien pareció irritarse.

-Siempre has sido muy molesta, un ser con tus poderes se rebaja a ser la mandadera de Dios y encima no tienes ningún problema en congraciarte con los humanos. Tú y yo podríamos divertirnos mucho más. Te daría más poder del que puedes imaginar y te sentarías a mi lado como mi igual—dijo Lucifer, semejante a la luna por su belleza.

-¿Sentarme a tu lado? Pero si tú eres muy aburrido. Los seres humanos son más interesantes. Imagina que te dijeran desde el momento mismo en que naces que  pase lo que pase tu vida tiene un límite y que tarde o temprano morirás y que eso puede suceder en cualquier momento. Con lo delicado que eres seguro que te volverías loco. Pero ellos de alguna forma logran bloquear ese pensamiento  y vivir su vida plenamente, incluso experimentan formas de felicidad que tú ni siquiera llegas a imaginar. Además en el infierno hace mucho calor—dijo Karen mientras soltaba una estridente carcajada

Lucifer se enfureció tanto que saco una enorme espada roja y ataco a la joven. Pensé que la mataría pero ella desenfundo su propia espada con una rapidez sobrehumana y detuvo el golpe. La onda que produjo el choque de las espadas me hizo caer al suelo. Karen que se había mostrado como una joven risueña ahora parecía una guerrera temible.

-Ya basta—dijo Dios, quien todavía tenía la forma de una anciana. Al instante ambos bajaron sus espadas.

-Ya ha sido suficiente por hoy, pero sé que tarde o temprano nos volveremos a ver, soldado—me dijo de forma amenazadora y luego desapareció.

Como todos me hablaban con tanta familiaridad no me había percatado que estaba ante la presencia del mismo Dios así que aprovechando que estaba en el suelo, me arrodillé ante él y le agradecí profundamente que me hubiera permitido llegar hasta aquí y por todo lo bueno que había en mi vida. Me hizo un gesto para que me levantara así que me puse en pie.

-Tenemos que hablar, fiel soldado. Tu valor y tú voluntad de sacrificarte por los demás me ha recordado porque amo a los humanos. Sin embargo, debes saber que nadie puede escapar de la muerte, mi hija Karen te lo dirá. De lo contrario, ¿Qué sentido tendría el reino de los cielos? El Rey ya ha muerto. Vivió una larga y feliz vida rodeado de los seres que más amaba y ahora está descansando en mi propia casa—dijo Dios
Sin darme cuenta derrame unas cuantas lágrimas, hace tiempo que no lloraba. Había olvidado lo bien que se siente, el dolor parece escaparse por los ojos. Estaba cansado, jugué con la muerte, hable con el diablo y  conocí a Dios y después de todo lo que había pasado nada de lo que hice sirvió. Fallé en mi misión. Casi podía escuchar el llanto de la princesa. La imaginaba de rodillas mirando al sol y preguntándose ¿Qué salió mal?  

-Ella lo superara—dijo Karen—créeme lo he visto muchas veces. Además es mucho más fuerte de lo que crees. Después de todo es la próxima Reina. Este dolor le dará la firmeza que necesita para dirigir este reino. Lo importante es que estés a su lado. En estos momentos no confía en nadie más que en ti.

-Llévate mis lágrimas contigo. En realidad, no tienen ningún poder. No es más que agua que derrame amargamente. Las escondí para que ningún humano fuera testigo de mi debilidad. Pero la razón por la que te dije que vinieras es porque necesitabas aprender todo lo que aprendiste hoy para servir con valor y lealtad a tu nueva Reina. Ella es muy joven y te necesitará. Lucifer no se ha ido ni se irá nunca. Este mundo le pertenece, él era su señor mucho antes de que existieran los humanos. Él ronda la tierra y le gusta promover guerras y desgracias. Pero cuando veas estas lágrimas recuerda cuanto amo a la humanidad eso te proporcionara un escudo muy fuerte.

Salí del bosque justo cuando el sol empezaba a salir. Sostenía en mano derecha el frasco con las brillantes lágrimas de Dios. La princesa estaba a punto de entrar en el bosque pero pude tomarla del brazo justo a tiempo. Había cumplido su palabra, me espero un día completo.

Se alegró mucho al ver que había cumplido con mi misión. Le conté muchas cosas pero le oculté muchas otras. No le dije que había hablado con Dios. Pero le dije que había hablado con la muerte. Le dije que su padre había muerto y que no había forma de revivirlo y cuando lo dije no mostré ni la más mínima señal de debilidad ni de tristeza.

-No llores princesa. Ya no eres más una niña, ahora eres la Reina y tienes en tus manos las vidas de miles de personas. Tu debilidad es nuestra debilidad—le dije mientras sostenía su mano con la mayor delicadeza. Su gesto se endureció, se puso en pie y levanto la cara con orgullo. Sus lágrimas se detuvieron y pude ver sus magníficos  ojos azules. Me miro fijamente y luego dijo “vamos”, fue entonces cuando supe que estaba ante una Reina a la que podía servir con lealtad.

Muchos años han pasado desde que tales hechos acontecieron. La princesa me nombro su consejero. Para ser franco nos une algo más que la simple relación entre un señor y su vasallo. Supongo que es normal, nada es amado hasta que no es conocido primero.

Lucifer y Karen han seguido rondando este reino y durante este tiempo he tenido numerosos encuentros con ellos. El diablo se ha obsesionado con nuestro  reino y siempre atrae alguna desgracia, siempre hay algún muerto. Parece que Dios y él estuvieran jugando una enorme partida de ajedrez y que nosotros fuéramos las fichas. A pesar de todo, el demonio nunca nos ha atacado directamente ni a la reina ni a mí. Parece que su juego se rige por normas que no alcanzo a comprender.

Hemos afrontado golpes muy duros y hemos visto gente muy preciada morir. Pero la Reina es muy fuerte y el reino ha prevalecido. Pero en homenaje a la brevedad, supongo que esta no es la historia de como fracase en misión de salvar a mi Rey sino de como triunfe en mi misión de encontrar y proteger a su digno sucesor. Cuando miro las lágrimas de Dios siempre pienso en lo poderoso que es y creo que aquello que tiene poder sobre el motivo también tiene poder sobre el resultado.











22 oct 2013

EL AUTOBUS DE LA RUTA SIETE (CUENTO)

EL AUTOBUS DE LA RUTA SIETE




Cada día a la misma hora, hago la misma rruta, día tras día. Abordo el mismo autobús, el que cubre la ruta siete. Puntual como siempre, a las seis, ese nivel de precisión siempre me has sorprendido. También me gusta el color gris del autobus, me parece como una limosina para el pueblo.

Hoy el conductor ha sido especialmente amable conmigo, algo bastante extraño porque suele ser un poco huraño. Otra cosa que me sorprendió es que el autobús estaba extrañamente vacío, tanto, que no tuve problemas para encontrar un asiento libre, quizás hoy es mi día de suerte.

Poco a poco el bus se fue llenando de gente. Una señora de unos sesenta y tantos se sentó a mi lado, parecía una mujer dulce, llevaba un vestido de flores que me resultaba familiar, pero bueno, todas las mujeres mayores llevan vestidos similares.

-Hay quien dice que el alma vive para siempre, espero que no—comentó la anciana, parecía querer hablar conmigo y yo le correspondí.

-Mucha gente no estaría de acuerdo, por ejemplo, más de la mitad del mundo. Casi todas las personas creen que existe la vida eterna—dije

-Eso crees, pero lo cierto es que cuando estás demasiado tiempo en un sitio al final te hartas y te sientes atrapado, te lo digo por experiencia. Ahora piensa que la eternidad es demasiadotiempo—me dijo la anciana que tenía una voz muy desgastada. Poco después se bajó del autobús.

Llevo años subiendo a este autobús y nunca nadie había cruzado ni una sola palabra conmigo. Apenas me estaba recuperando de aquella conversación cuando un hombre que debía tener más o menos la misma edad que la anciana subió al autobús y se sentó a mi lado.

-¿Tienes hijos?—me preguntó aquel hombre, a pesar de que no llevaba ni cinco segundos sentado a mi lado, parece que hoy todo el mundo quiere hablar conmigo.

-No, no tengo hijos, supongo que no he encontrado a la mujer adecuada—contesté.
-Yo tuve un hijo llamado James y solía decirle “haz siempre las cosas que temas hacer”, espero que me haya hecho caso, porque si la vida a veces da miedo no quiero ni imaginar cómo será la muerte—dijo el anciano con una voz muy tétrica.

-Es muy probable que su hijo se encuentre bien, la muerte es el final de todos los caminos—le respondí, a pesar de que me parecía una conversación muy desconcertante, pero en fin, supongo que eso es lo que pasa cuando te montas en un autobús público.

-Tal vez tienes razón, pero por si acaso, sigo rezando para que encuentre la paz eterna—sentenció el anciano y poco después se bajó del autobús.

Vaya, hoy a toda la gente le ha dado por hablar. No es que me queje, siempre he sido una persona muy sociable. Aún me quedan unas cuantas paradas para llegar a casa, y como siempre, veré ponerse al sol a través de la ventanilla de mi asiento, todo un clásico de mi ruta.

El bus hizo otra parada y toda la gente se bajó de golpe, pensaba que habíamos llegado al final. Tal vez se había averiado el autobús. Pero no era así, una persona subió, el bus volvió a andar pero una extraña oscuridad lo lleno todo. Al principio creí que el sol se había puesto, pero aún estaba en lo más alto. Solo ha subido una persona y tiene un aspecto un poco siniestro. Es un hombre, va todo de negro y es un poco pálido, supongo que será uno de esos “góticos”. Había una gran cantidad de asientos libres para sentarse y, sin embargo, se sentó a mi lado, me pareció un poco sospechoso pero a lo mejor se sentía solo.

-Cuando algo acaba, siempre sueles pensar en cómo empezó—dijo aquel hombre tenebroso. Decidí que lo mejor era conversar con él, podía enfadarse si no lo hacía.

-Bueno, pero mi padre suele decir que nada acaba de forma definitiva si hay algo que te lo recuerda—contesté.
-Esa frase nunca ha sido más cierta que en este momento. Pero el caso es que hay ciertas cosas que deben llegar a su fin, de lo contrario el universo se colapsaría. Sí, amigo mío, hay cosas que deben desaparecer para dejar paso a otras. La vida es como un río corriendo a través de una presa, su flujo debe ser constante, si se atasca, el río se desborda arrasándolo todo. Recuérdalo—dijo aquel hombre cuya cara ya no recuerdo y luego se bajó del autobús y la luz volvió a inundarlo todo. Se fue de la misma misteriosa forma en la que llegó.

El autobús hizo otra parada, pero esta vez no volvió a arrancar y todo pareció detenerse. Pensé que el vehículo se había averiado y me iba a bajar, pero de repente las puertas del autobús se abrieron. Un hombre con una especie de túnica blanca subió y se dirigió hacia mí.

-¿Quién.…?
-Soy Dios—me dijo sin darme tiempo ni a acabar mi pregunta, definitivamente hoy era un día especial, no todos los días Dios viaja contigo en el autobús, o tal vez sí, ¿Cómo saberlo?

-Esto tiene que acabar James—Dios sabía mi nombre, si lo piensas bien, es asombroso—ya hace tres años que estás atrapado en esta especie de ilusión, es hora de que avances—dijo Dios con tranquilidad.

-Yo…no sé a qué te refieres—dije totalmente sorprendido
-Hace tres años te dio un ataque al corazón y moriste. Ignoro porque tu alma se refugió en este autobús en vez de cruzar al lugar que pertenece por naturaleza, mi reino. Mucho tiempo te he esperado y debes saber que no te he abandonado, siempre tenía un ojo sobre este autobús.


-Yo…yo, no sé qué pensar, no recuerdo nada, solo recuerdo que he salido del trabajo y que me dirijo a casa—contesté con nerviosismo.
-Ya lo sé. Cuando el cuerpo muere normalmente el alma tarda algo de tiempo en saber lo que ocurre y luego simplemente encuentra el camino. Pero a veces algunas almas como la tuya, por alguna razón que desconozco, no recuperan la memoria y se estancan en un bucle, eso es lo que te ha pasado a ti. Llevas tres años metido en este autobús. Sabía lo que estaba sucediendo, por ello te envíe un par de visitas. El primer año vino tu madre, pero no la reconociste. El segundo año envíe a tu padre, pero el resultado fue el mismo. El tercer año no sabía a quién enviar. Entonces, la muerte en persona se me adelanto y vino a visitarte. Es uno de mis Ángeles más queridos y se preocupa por todas las almas. Su visita fue muy efectiva porque reaccionaste pero finalmente he tenido que venir yo.

-Aquella anciana, el hombre mayor y aquel hombre tenebroso…. ¿Tres años? Pero si parece que no llevo más de veinte minutos en este autobús—dije
-El tiempo es una invención humana, cosa que tú ya no eres. Ahora eres inmortal como yo. Así que este viaje te ha parecido más corto de lo que realmente ha sido. Pero ya ha llegado a su fin. Sabes eso que dicen de que yo soy un “pastor” y vosotros mis “ovejas”, pues  es cierto y siempre acudo cuando alguna se extravía. Ahora debemos irnos, pero tranquilo, en mi reino podrás vivir en un autobús si así lo deseas—dijo Dios y aunque  creí que estaba bromeando, no era así.

Siempre me han gustado los autobuses, nunca sabes a quien te vas a encontrar, supongo que por eso mi alma creó esta especie de bucle. Mi padre solía decir que cuando estás perdido debes ir a un sitio en el que sepas que tarde o temprano encontrarás a alguien que te ayude.

20 oct 2013

LA JUSTICIA DEL REY

He creado este blog en homenaje a un libro que he escrito y me han publicado.  Describo este libro como un cuento pequeño para grandes y que los pequeños lo disfrutan.



LA JUSTICIA DEL REY

Había una vez reino muy rico formado por gente que venía de todas las partes del mundo. Era una tierra de comerciantes y de grandes fortunas. Sin embargo, ese reino era más conocido por su Rey que por su comercio.

Debido a la actividad comercial, a menudo surgían toda clase de conflictos humanos y el Rey de ese reino era famoso por su habilidad para resolver esos problemas. De hecho era conocido en todo el mundo como “el Rey justo”. Gente de todos los reinos de la tierra iban a visitarlo en busca de su consejo.

Toda clase de personas lo visitaban, desde vagabundos peleando por una botella de vino hasta Reyes en guerra que buscaban una mediación para sus conflictos. El Rey justo los atendía a todos sin importar lo insignificante o lo complicado que fueran esas reyertas.

Para el monarca cada problema que se le planteaba era una oportunidad para poner en práctica su justicia, la que había aprendido de su padre, quien a su vez lo aprendió de el suyo, y así desde hace generaciones. Todo giraba en torno a la “utilidad de las cosas”, aquello que fuera más útil para el mayor número de personas debía ser sin duda, también lo más justo.

Aplicando ese criterio resolvía todos los casos, como el del “pozo de las dos aldeas”. Se trataba de un estanque cuya propiedad era reclamada por la aldea del este y la del oeste. El pozo estaba situado justo en medio de ambos pueblos por lo que no había forma de saber exactamente a cuál de los dos pertenecía. Ante tal situación el Rey decidió aplicar su ya famoso criterio de utilidad. Así que preguntó cuál de los dos pueblos tenía más habitantes. Cuál de los dos pueblos era más activo comercialmente. Finalmente preguntó cuál de los dos pueblos tenía la población más joven.

La respuesta a las tres preguntas fue la misma, el pueblo del este. Entonces el Rey decidió que el pozo debía pertenecer a ese pueblo, puesto que de los dos era el que resultaba más útil al reino, al ser el más prospero de los dos. Al pueblo del oeste le ordenó que buscara otro pozo y de no encontrar ninguno que pagasen un impuesto al pueblo del este para acceder al pozo. Ambas aldeas acataron la decisión alabando la inteligencia del Rey.

La misma lógica utilizó el Rey para resolver otra complicada reyerta. Dos mujeres se disputaban la maternidad de un bebe, tal como en la famosa historia bíblica de Salomón. Entonces el Rey justo analizando la situación hizo una serie de preguntas, “¿Quién de las dos mujeres es más joven?” “¿Cuál de las dos tiene una mejor posición social?”. Todas las preguntas del Rey se dirigían a determinar cuál de las dos mujeres resultaría más útil a la hora de criar al niño. Cuando obtuvo las respuestas, el Rey le dio el bebe a la mujer que era más rica, quien también era más joven y estaba en una mejor posición social. Ambas mujeres acataron la decisión del Rey alabando su sabiduría.

Los mismos criterios utilizó el Rey para resolver la guerra entre el reino del sur y el del norte. El Rey del norte entró con su ejército en el reino del sur buscando carbón, un recurso escaso en el reino del norte. Ambos reyes decidieron someter su conflicto a la sabiduría del Rey justo. El monarca preguntó cuál de los dos reinos necesitaba más el carbón, cuál de los dos reinos tenía más población y finalmente cuál de los dos reinos podría extraer el mayor beneficio del preciado mineral.

Para todas las preguntas la respuesta fue la misma, el reino del norte. Por tanto, la solución resulto muy obvia para el Rey sabio. El carbón debía ir a parar a donde fuese más útil para el mayor número de personas. Porque todo debía girar en torno a eso, al bien mayor para la mayoría y el menor sufrimiento para la minoría. El carbón fue a parar al reino del norte, ambos reinos acataron la decisión del Rey justo alabando su sabiduría.

Todo iba bien en el reino del Rey sabio, su país era rico, su Rey gozaba de prestigio, el pueblo quería a su monarca y todos vivían en paz y felices bajo la justicia del Rey sabio. Pero un día un enorme dragón entro en el reino y rapto a la única hija del Rey. Pero al parecer la intención del dragón no era comerse a la hija del Rey sino cambiarla por cien mujeres jóvenes, a las que sin duda devoraría. Tal fue la petición que le hizo al Rey enviándole una carta escrita por su propia hija.

El consejo de militares del reino se reunió para estudiar la situación. Estudiaron todas las alternativas para intentar rescatar a la princesa pero había una serie de problemas. No sabían en donde se encontraba el dragón y podían tardar años en encontrarlo. Incluso si se supiera el lugar donde se encontraba el dragón, había otro problema. Haría falta enviar todo un ejército para acabar con él y no había certeza de que tuvieran éxito.

Así que nuevamente el Rey se enfrentaba a un problema, pero esta vez lo que estaba en juego no era la vida de personas extrañas sino la de su propia hija. El Rey utilizó nuevamente su criterio de utilidad y se preguntó a sí mismo, ¿Dónde estaba la utilidad mayor y el menor sufrimiento? la respuesta fue desgarradoramente clara. Cien vidas de mujeres jóvenes son más útiles que la vida de una solo joven. Las vidas de todo un ejército son más útiles que la vida de una sola joven.

Los miembros del reino habían adoptado el criterio de utilidad del Rey, y para ellos la decisión era evidente y sencilla aunque no menos dolorosa. Finalmente y tras horas de darle vueltas al asunto, el Rey decidió que no rescatarían a la princesa ni tampoco la intercambiarían por las cien jóvenes que pedía el dragón. Nuevamente los súbditos del Rey acataron la decisión y alabaron su sabiduría.

Pero después de tomar tan terrible medida, el Rey dejo el trono. Se sentía culpable por haber condenado a muerte a su hija, además sentía que no podía seguir dando consejos, pues había algo en su criterio de utilidad que definitivamente no estaba bien. El Rey justo se convirtió en un mendigo errante que iba de un lugar a otro buscando a gente sabía para plantearles la misma situación a la que él se había enfrentado y preguntarles qué decisión habrían tomado ellos en aquellas circunstancias.

Y así el Rey viajó por todo el mundo conociendo a toda clase de sabios y eruditos planteándoles tan complicado dilema. Muchos de esos sabios le recomendaban que visitase al Rey justo, sin saber que estaban hablando con él. Otros agobiados por tan angustioso problema decían que no tenían una respuesta. Y la mayoría de los sabios, influenciados por el criterio de utilidad, decían que había que sacrificar una vida para salvar cien.

Pero el Rey no estaba satisfecho, sentía en su interior que el criterio de utilidad no era correcto había algo que fallaba, pero no sabía exactamente qué. Así el llamado Rey justo vago de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad y de país en país hasta que llegó a una pequeña aldea del sur.

Cuando se hallaba cerca de un río muy caudaloso que envolvía aquel pequeño pueblo el Rey observó una escena terrible. Un niño pequeño había caído al agua y la fuerza de la corriente lo estaba arrastrando. Intentar salvarlo era arriesgado, era un río muy caudaloso. El Rey analizo la situación y pensó que según el criterio de utilidad, es más útil preservar una vida que arriesgarse a perder dos. Mientras hacía tales conjeturas el anciano jefe de la aldea ordenó a tres hombres sanos y fuertes que se lanzarán al río a rescatar al niño. Al instante los tres hombres saltaron sin dudar ni un momento y con gran esfuerzo salvaron al niño.

Impresionado por lo que había sucedido, el Rey fue a hablar con el anciano jefe para preguntarle por la naturaleza de su decisión. Sobre todo le sorprendía que hubiese decidido arriesgar la vida de tres hombres sanos y fuertes para salvar una sola vida, aún cuando no había garantías de que ninguno sobreviviese. Viendo las numerosas dudas del Rey vagabundo, el jefe anciano de la aldea tomo la palabra.

-¿Conoces el agua? ¿La has visto con detenimiento? La misma agua que hace crecer los cultivos y sacia nuestra sed, es la misma que arrasa nuestros pueblos y ahoga a nuestra gente. Mira dos gotas de agua—dijo el anciano mientras cogía un puñado de agua–¿Podrías distinguir cuál de las dos es la que sirve para dar vida y cual está destinada a dar muerte?

El Rey justo miro al anciano intuyendo que sus palabras escondían algún tipo de verdad hasta ahora inalcanzable para él. Sus palabras eran como música, ni siquiera intentaba entenderlas solo asimilarlas.

-Tal es la naturaleza de la vida humana. No puedes saber cuál será el destino de las personas. Quizá ese niño está destinado a salvar la vida de cientos de personas o quizás solo llegará a posadero. No hay forma de saberlo y por eso cualquier cálculo de utilidad sobre la vida humana es en sí mismo inútil—comentó el anciano hablando muy despacio.

-Pero cómo podría imponerse el bien de una minoría al bien de la mayoría, ¿Cómo puede ser eso justo?—preguntó el Rey ansioso y sin acabar de desechar su famoso criterio de la utilidad.

-El bien de la mayoría puede llevarnos a situaciones injustas o absurdas. Si tuvieras que elegir entre salvar a tu hijo o a dos personas que no conoces, lo más útil sería salvar a los dos extraños. Pero, ¿lo harías? ¿Cómo puedes saber que tu hijo no está destinado a salvar la vida de cuatro personas? No puedes saberlo. Y ¿si la esclavitud fuera buena para la mayoría, eso haría que fuese justa?

De repente el Rey comprendió todo lo que el anciano le decía y al instante empezó a llorar desconsoladamente pensando en su hija y en la decisión tan absurda que había tomado. ¿De qué le había servido ser Rey si ni siquiera había podido proteger a su hija? Ahora lo entendía, el criterio de utilidad solo funcionaba con las cosas porque son estáticas pero no con las personas, porque son impredecibles y porque la moral de los hombres debe prevalecer sobre cualquier tipo de utilidad, de lo contrario toda sociedad humana estaba destinada a la perdición.

El Rey abandono sus desgastados ropajes y volvió a su reino. Al llegar ordenó que buscasen al dragón que raptó a su hija y le dieran muerte. Los súbditos del Rey estaban sorprendidos y le replicaron lo poco útil que sería intentar tal hazaña. A lo que el Rey contestó:

–¿De qué sirve ser fuerte si no puedes proteger a las personas a las que quieres? Un ejército que no está dispuesto a defender a los suyos es más útil como comida para dragón que como ejercito, su existencia sería una ofensa para Dios.

Arengados por la renovada sabiduría de su Rey, el ejército fue en busca del dragón. Volvieron con la cabeza del dragón metida en un enorme saco. No encontraron a la princesa, pero el Rey no se sintió triste. Tal como dijo el anciano, algunas personas están destinadas a salvar miles de vidas. Sí la princesa no hubiese sido raptada el Rey no habría enviado a su ejército y aquel dragón seguiría aún con vida, matando a muchas otras personas. Los dragones no solían alimentarse de humanos pero había excepciones, terribles excepciones. Cuando un dragón toma la decisión de alimentarse de humanos no se conforma con uno o dos, tiene que matar a cientos para poder sobrevivir.

La muerte de su hija le enseñó la verdadera justicia, la justicia del Rey, Aquella en la que todas las vidas son igual de valiosas. Y para que nadie olvidara jamás tan importante lección, colocó la cabeza del dragón en la entrada de su castillo, en donde aún permanece hoy en día….

autor: William Arley Ramírez G

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