CONTEO MUNDIAL

7 jul 2013

LA JUSTICIA DEL LEÓN



Había una vez un León que era muy inteligente y muy justo. Su inteligencia y su sentido de la justicia le impedían alimentarse de cualquier animal, puesto que le parecía aberrante asignar vida o muerte de forma indiscriminada. Sin embargo, seguía siendo un León y necesitaba alimentarse de carne fresca, así que ideo un plan para alimentarse exclusivamente de animales débiles o que no tuvieran la suficiente habilidad como para escapar de cualquier otro León como él.
El plan del León consistía en preguntarle a sus víctimas de qué forma creían que podían escapar de él y luego permitirles que llevaran a cabo sus estrategias de huída. De esta forma el León interrogaba a sus víctimas cada vez que tenía la necesidad de comer. Si los animales no eran lo suficientemente hábiles para escapar, se los comía con la conciencia tranquila y su sentido de la justicia intacto.
Hasta ahora ningún animal había conseguido escapar y gracias a eso el León se había podido alimentar siempre que estaba hambriento. Pero nuevamente el León volvía a tener la necesidad de alimentarse así que salió en busca de su próxima presa, y fue así que se cruzó con un topo y procedió a interrogarle.
–Hola amigo topo. Has llegado justo a la hora del desayuno. Pero no te preocupes, si la naturaleza te ha dotado de la suficiente habilidad para escapar de mí, podrás salvar tu vida. Así que dime, ¿cómo planeas escapar de mí?—preguntó la bestia.
El topo asustado pensó en sus mejores habilidades y contestó: “detrás de mí hay un agujero, me meteré allí, me arrastrare y cavaré tan profundo que no podrás encontrarme nunca”.
–Sea pues—dijo el León dándole la oportunidad al topo para que se metiera en el hoyo.
El topo se apresuro, se metió en el hoyo, se arrastro por él y empezó a cavar. Pero el León llegó hasta donde se encontraba el agujero y cavo con sus dos enormes patas e hizo una zanja más profunda de la que ningún topo podría excavar jamás en tan poco tiempo, “algo que la víctima debería haber previsto”, pensó el León mientras devoraba al topo.
A la semana siguiente el León se encontraba tirado junto a un enorme árbol y de repente volvió a surgir en él la necesidad de alimentarse. Para su suerte un mono se estaba aproximando al árbol en busca de frutos sin percatarse de la presencia del León. Nuevamente el inteligente felino le planteó al mono la misma pregunta que al topo, y el mono expuso su plan de huída:
“Detrás  de ti hay un árbol tan grande que para un animal de tu peso sería imposible de escalar. Me subiré hasta lo alto de las ramas y no me atraparás jamás”
–Sea pues—dijo el León dejando que el mono se subiese al árbol.
El mono trepo y trepo por el tronco hasta que la figura del León solo fue un punto. Al llegar a la cima pensó que lo único que tenía que hacer era esperar que el León se fuera, mientras tanto se alimentaría de los frutos del árbol. Pasaron cuatro horas y el mono estaba bien, pero sintió la necesidad de beber agua. Observó desde las alturas para ver si el León continuaba allí y se dio cuenta que no estaba así que bajo del árbol.
Cuando estuvo en el suelo, el León que había estado escondido en unos arbustos se abalanzó sobre él y se lo comió. “El mono no pensó en que tarde o temprano tendría que bajar a beber agua y se confío en exceso ante sus necesidades”—pensó el León mientras lo devoraba.
Una semana después el León se hallaba tumbado en la hierba, despertándose de una larga siesta y con una necesidad imperiosa de comer. En ese momento una lechuza que intentaba cazar a un ratón aterrizó justo a su lado convirtiéndose de cazador a víctima del León. Nuevamente el procedimiento fue el mismo, al igual que la pregunta del León. Atrapada en las garras del León la lechuza relato su plan de huída:
“Tú serás el señor de esta tierra, pero yo soy el señor de los cielos, batiré mis alas y me iré volando hacia las nubes, en donde jamás podrás alcanzarme”.
–Sea pues—dijo el León, dándole la oportunidad a la Lechuza para que batiera sus alas y volará.
La lechuza utilizó toda la fuerza de la que disponía y se elevó, poco a poco empezaba a alejarse confiada de que escaparía, pero cuando había alcanzado una altura de dos metros el León dio un asombroso brinco y la cazó con sus garras.
“Tendría que haber previsto que no sería capaz de alejarse lo suficientemente rápido como para escapar de mí, sobre todo teniendo en cuenta mi habilidad para saltar, al fin y al cabo soy de la familia de los felinos”—pensó el León mientras devoraba a la lechuza.
Pasaron dos semanas y esta vez el León estaba muerto de hambre y desesperado por una víctima. Tanto que incluso decidió que su víctima sería una vieja tortuga que era conocida en toda la estepa por su sabiduría. Era un animal sabio, sí, pero de que le serviría eso para escapar. El León sabía que la tortuga no tendría ninguna oportunidad de huir. No era rápida, no sabía escalar, ni volar y de nada le serviría meterse en su caparazón puesto que sus afiladas garras eran capaces de romperlo. A pesar de esto el León, fiel a su sentido de la justicia siguió el procedimiento que había ideado para comerse solo a los animales menos hábiles.
–Hola amiga tortuga. Por largo tiempo has habitado estos parajes y en todo el lugar se te conoce por tu sabiduría, pero este es un mundo salvaje y hostil, en donde la inteligencia, la fuerza y la velocidad superan a la sabiduría. Y los menos aptos deben servir de alimento a los más fuertes, tal es la justicia de la naturaleza. De todas formas te lo preguntaré, ¿tienes alguna estrategia o habilidad que te permita escapar de mí?—preguntó el León con arrogancia.
–Hola amigo León, eres temido por toda la estepa, pero también respetado ya que se dice de ti que eres inteligente y justo y que incluso das a tus víctimas una oportunidad de sobrevivir. Yo soy vieja  y no temo a la muerte, aún así, sé con seguridad que puedo escapar de ti—comentó el anciano animal hablando con lentitud y esbozando una leve sonrisa.
El León sorprendido por la respuesta de la tortuga, la interrogó sobre la naturaleza de su plan, ansioso a la par que hambriento.
–Verás, sé que además de ser inteligente y justo, eres curioso, puesto que eres un felino y esa es tu naturaleza. Yo no tengo ningún plan para huir, puesto que mis habilidades físicas son limitadas. Pero te plantearé una pregunta, y no podrás contestarla. Y como no podrás contestarla querrás saber la respuesta y cuando quieras saber la respuesta te la daré a cambio de que me dejes ir. Sé que aceptarás este trato puesto que tu curiosidad es mil veces más grande que tu apetito y por otra parte, tu sentido de la justicia te impide matarme sin darme una oportunidad tal como has hecho con los demás—comentó el anciano reptil.
El León estaba muy hambriento pero también muy impresionado por el reto de la tortuga y absolutamente intrigado por su plan, tanto que no dudó ni un instante en aceptar aquella extraña propuesta.
–Sea pues, plantea tu pregunta amiga tortuga, pero te advierto que soy el más inteligente de este lugar y que estoy muy hambriento, tan pronto resuelva tu pregunta te devoraré sin más—respondió el León ansioso.
–La cuestión es la que sigue: existe un animal que cuando nace es capaz de arrastrarse por el suelo y cavar hoyos tan profundos en tan poco tiempo que jamás podrías igualarlo en tal habilidad. Cuando crece es capaz de vivir en lo más alto de los arboles durante un tiempo indefinido sin tener necesidad de bajar a beber agua ni a buscar alimentos de ninguna clase. Cuando está en el final de su vida es capaz de volar tan alto y tan rápidamente que ninguno de tus saltos sería lo suficientemente rápido o veloz como para atraparlo. Con tales habilidades, este animal es junto a mí, uno de los únicos capaces de escapar de ti, puesto que sus habilidades te superan con mucho. ¿Sabrías decirme el nombre de ese animal?
El León pensó y pensó, y tanto pensó que ya no tuvo ganas de comer. Ya no le importaba comerse a la tortuga solo responder a su pregunta para demostrarle su inteligencia. Analizó los animales con los que se había cruzado. El topo no podía ser puesto que su habilidad como excavador no le había servido de mucho y tampoco sabía trepar. ¡El mono!, no el mono tampoco, puesto que no podía vivir de forma indefinida en el árbol y además no podía volar. ¡La lechuza! NO, tampoco podría ser ella, no era lo suficientemente rápida para escapar de sus saltos y aunque podía vivir de forma indefinida en lo alto de un árbol, lo cierto es que no poseía ninguna habilidad para excavar.
El León pasó horas y horas pensando sin llegar a una respuesta. En repetidas veces llegó a sugerir que tal animal no existía, e incluso esa fue su respuesta final. Pero cuando la tortuga le dijo que aquella respuesta era errónea, el León se dio por vencido y tal como la tortuga había predicho, le perdono la vida a cambio de la respuesta, ya que su curiosidad hace tiempo que había superado a sus instintos más básicos.
–Amigo León, no te aflijas, la razón por la que no has hallado la respuesta es porque has usado tu inteligencia, y aunque sea muy grande no deja de estar limitada a tus conocimientos. Así que has repasado una a una tus experiencias sin pensar que podría haber algo que escapase de tus conocimientos. Desprecias mi sabiduría y sin embargo debes saber que el conocimiento está limitado mientras que la sabiduría es infinita porque no se basa solo en lo que has vívido sino en todo aquello en que tu mente pueda imaginar.
–Comprendo lo que dices, pero aún no me has dado la respuesta y te advierto que si ese animal no existe te mataré aunque ya no esté hambriento, puesto que los animales que utilizan el engaño son despreciables—gruñó el León.
–Ese animal existe y puede escapar de ti una y mil veces, pero no solo por las habilidades que posee sino porque tu mente ni siquiera es capaz de percibirlo, tu inteligencia se limita a lo que ves y lo que ves es lo único que te interesa, la comida. Todo lo demás escapa a tu percepción, por eso ni siquiera te has dado cuenta de que el animal del que te habló ha estado posado sobre tu lomo todo el tiempo—dijo la tortuga mientras esbozaba media sonrisa.
Rápidamente el León se giro y al hacerlo vio como una hermosa mariposa de varios colores emprendía el vuelo con tal rapidez que ni aún su mejor salto podría haberla alcanzado. Todo encajaba, cuando nace aquel animal es una oruga y puede arrastrase por el suelo y cavar hoyos más profundos y más rápidamente que los que el León pudiese cavar. Cuando crece se transforma en capullo y se cuelga de los árboles pudiendo estar en ese estado de forma indefinida sin tener que bajar en ningún momento. Y finalmente cuando está en la última etapa de su vida se transforma en mariposa y puede volar tan rápido y tan alto que el León nunca sería capaz de atraparla.
Abrumado por tales acontecimientos el León les perdono la vida a todas las tortugas. Se dio cuenta de lo limitado que era su conocimiento del mundo con respecto al que tenía la tortuga y lo increíblemente normal que era su existencia comparada con la de una mariposa, y desde aquel momento el León ya no solo fue inteligente y justo, sino también sabio.

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