CONTEO MUNDIAL

Mostrando entradas con la etiqueta la justicia del rey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la justicia del rey. Mostrar todas las entradas

12 jul 2015

EL GRILLO, EL ESCORPIÓN Y LA HORMIGA




Había una vez un grillo de patas largas y ojos saltones y tiernos, verde como las hojas de un cálido verano. Su nombre era Yaya.

La joven Yaya tenía dos amigas en su vida, la primera era un escorpión rojo azabache de nombre Dodo; y la segunda una hormiga de largas antenas llamada Lala.

Dodo por su naturaleza venenosa siempre le daba malos consejos a la verde Yaya, porque quería verla sufrir, pues envidiaba su estilo de vida y su naturaleza alegre.

Lala, que era una hormiga feliz y sabia, siempre le daba buenos consejos a Yaya, pues no envidiaba nada de ella así como las águilas no envidian a las palomas.

A pesar de que Yaya no era tonta y sabía quién era quién, le gustaba pasar más tiempo con Dodo, porque sabía que su amistad con Lala seria eterna y nada la ponía en peligro y pensaba en su interior que podía cambiar a Dodo, como las gaviotas que se alejan del puerto seguro con la esperanza de que mar adentro tendrán mejor comida.

Además Yaya sentía una extraña necesidad de caerle bien a Dodo, como si su desprecio alimentara su amistad, así como la leña hace crecer el fuego hasta que es incontenible. 

Lala, hormiga de gran sabiduría, temerosa de aquella situación le dijo a Yaya estas aladas palabras: 

"Andan la envidia y el placer tan juntas de las manos que el sabio se desespera, el  malvado se vuelve osado y el feliz se confía"

Y en otra ocasión también dijo la sabia Lala:

"Ten cuidado joven Yaya, el pájaro, incluso cuando anda, se nota que tiene alas, así mismo el escorpión siempre lleva colgando su aguijón"

Y aunque Yaya estaba muy lejos de ser tonta, hay mucha tenacidad en las personas confiadas, así como el león que se pasea por la sabana con trozos de carne colgando de su hocico.

Entonces llegó un invierno en el que la comida escaseaba. Yaya como todo grillo, no se preocupaba de acumular comida sino hasta que empezaba a desaparecer. 

Y un día se hallaba Yaya en un momento de gran necesidad y hambre, como el oso que despierta de su oscuro hibernar. Para su fortuna se cruzaron en su camino al mismo tiempo Dodo y Lala.

Viendo su necesidad, Lala, que era amplia en generosidad y una administradora audaz, le ofreció a Yaya regugio y comida por todo el invierno, sin pedir nada a cambio más que su compañía, incluso entre suplicas le pidió que la acompañara.

Dodo, también hambrienta, sintió envidia de la oferta que Lala le ofrecía a Yaya y aunque no tenía nada que ofrecer, le dolía imaginar que su amiga estuviera bien mientras ella pasaba penalidades. Por todo ello le dijo a Lala que la acompañara a su guarida, en donde había acumulado toneladas de comida y que al ser la guarida de un escorpión, era más cálida y grande que la de una hormiga.

Yaya dudo un momento, incluso por un instante sospechó, pero pensó que todo el tiempo que había pasado con Dodo la había cambiado y llegó a la conclusión que incluso si estaba mintiendo siempre podía volver con su amiga Lala.

A pesar de todo lo que la sabia Lala le argumentó para no dejarla ir, al final no hubo forma de disuadirla, como los salmones al final de su vida nadan río arriba para desovar en aguas cálidas.

Finalmente vio partir la hormiga a su tierna amiga, como las hojas que son arrastradas por el viento en pleno otoño naranja, no sin antes decirl lacónicamente:

"Mezcladas andan las cosas: junto a las ortigas nacen las rosas"

Llegó entonces Yaya a la guarida de los escorpiones donde fue devorada por toda la familia de Dodo y nunca más volvió a saltar el confiado grillo.















10 jul 2015

EL ERMITAÑO Y EL GIGANTE




Había una vez un gigante de mirada triste pero de naturaleza fanfarrona que desarrollo un gustó exagerado por la carne humana
.
Por donde pasaba sembraba la muerte y la destrucción como las langostas que caen sobre el trigo maduro y roen hasta la raíz.

El torpe gigante posee la fuerza de dos toros pero su naturaleza salvaje y primitiva lo convierten en un ser ignorante de las cosas más elementales.

Solo entiende de destrozar y devorar pero desconoce cómo funciona el fuego, el dolor de una enfermedad o porque oscurece todos los días.

Un día, aquel enorme ser se hallaba más hambriento que nunca, como un coyote que recorre el desierto con nocturna desesperación.

Pero se hallaba lejos de cualquier pueblo y la carne de los animales no lograba saciarlo como el oso que se alimenta de frutos mientras los salmones escasean.

De pronto, a lo lejos sus dos enormes ojos divisaron lo que para él era una diminuta casa y fuera de ella un, aún más diminuto, ser humano, quien es un ermitaño que gusta de la soledad.

Ya huele el lobo a su presa, ya diviso el águila a su conejo. El Gigante recorre la distancia entre el diminuto humano y él mostrando el verdadero significado de la premura.

Su enorme mano semejante a la copa de un enorme árbol atrapa al hombre quién ya está a medio camino de su boca, ya levantó la muerte su plateada oz pero demasiado pronto, pues el gigante siente un enorme dolor en su palma y suelta a su víctima. Ha sido mordido, como la rata que estando acorralada se defiende del gato.

El gigante está confundido pues nunca lo han mordido y su dolor se transforma en miedo, aunque se siente mucho más fuerte que cualquier humano o gigante.

Mira nuevamente a su presa mostrándole algo de respeto pero sin abandonar sus ansias asesinas. El hombre, un humilde campesino, comprende rápidamente la situación y decide arriesgarse pues cuando no tienes nada que perder es el momento de arriesgarlo todo.

“escucha con cuidado gigante de pies anchos, hoy aprenderás lo que significa la fuerza”—exclama el hombre y el gigante da un paso hacia atrás.

Es entonces cuando el hombre desesperado por conservar su vida inicia una demostración de fuerza sin precedentes, como el pavo real que extiende su cola para parecer más grande.

El hombre saca de su bolsillo una bolsa de ácido sulfúrico que suele usar para envenenar a las ratas y se dirige a un pequeño estanque dónde cría pescados.

“¿Crees que tus golpes son poderosos? Esto es un golpe”—dice el hombre dando una palmada al agua con su mano derecha mientras con la mano izquierda vertía la bolsa llena de ácido en el estanque. En seguida los cadáveres de los peces comienzan a flotar en la superficie, un pequeño sacrificio si la recompensa es su vida.

El gigante abre sus dos enormes ojos sin dar crédito al poder de semejante golpe capaz de estremecer a los mismos peces que nadan en lo profundo. El coloso de dientes acerados siente deseos de escapar pero su hambre es grande y él ha vencido en otras ocasiones a seres que lo superaban en fuerza.

Sin embargo, el pequeño humano no ha terminado de mostrar todo su poder así que realizó su siguiente movimiento como en una brutal partida de ajedrez.

“mi fuerza es tan grande que solo con tocarte puedo causarte dolor en todo tú cuerpo”—dice el hombre mostrando una valentía impropia en él.

El ermitaño se acerca a una fogata que había encendido apenas un par de horas antes para calentar una olla de agua. Sin que el coloso asesino lo noté, el hombre coge una brasa ardiendo entre sus manos llenas de cayos que pueden resistir la quemadura unos cuantos segundos, los suficientes para que el campesino toque la piel del gigante con su mano ardiente.

El enorme ser se estremece totalmente  y siente un profundo dolor pues su piel tiene la misma sensibilidad que la de los humanos. Cae al piso estremeciéndose de dolor y ve la roja quemadura que el aldeano ha dejado en su piel. Su ignorancia sobre el funcionamiento del fuego es muy profunda como para sospechar algo.

El gigante retorciéndose en el suelo  está completamente derrotado, pero el ermitaño ha ido tan lejos en su engaño que él mismo se ha convencido de su fortaleza. Es entonces, cuando en el colmo de su osadía coge la olla llena de agua caliente y la arroja a la cara del gigante matándolo entre terribles dolores.


Y fue así como el gigante devorador de hombres fue vencido por algo más grande que él, su ignorancia. 

3 abr 2015

EL CAMPO DE TRIGO



“Tres hermanas hambrientas y desesperadas por llevar comida a sus familias caminan en busca de alimento hasta que encuentran un enorme campo cultivado con trigo.

La primera de las hermanas, a pesar de su difícil situación, solo toma un puñado de trigo por temor a que el dueño del alimento la descubra y la castigue, aun sabiendo que con tan poco trigo solo podrá alimentarse una vez.

La segunda hermana se adentra en el campo y llena un costal de trigo escogiendo el más maduro y de mejor color y separando el que crece torcido y tiene mal aspecto. Piensa que con ese costal alimentará mejor a su familia aunque sea solo por una semana.

La tercera hermana que lleva tres costales consigo los llena con el trigo que tiene a su alrededor y carga con todo el peso que puede pues su necesidad es grande y piensa en alimentar a su familia el máximo tiempo posible.

Cuando las mujeres se disponían a abandonar el campo de trigo llegó su dueño y las juzgó. Vio a la primera mujer y como quiera que solo había tomado un puñado de trigo le pareció que no tenía una necesidad real y que solo robaba por diversión o por el gusto de dañar su campo tal como la mala hierba que mora donde quiera que surge un buen cultivo. Por todo ello le quitó su puñado de trigo y la expulsó con gran furia de su propiedad.

El dueño del campo vio a la mujer que había tomado un costal lleno de su mejor trigo y le pareció que no tenía una necesidad real que justificara su robo y pensó que solo quería robar sus mejores raíces para plantarlas en otro campo sin importarle que al internarse en busca de sus mejores raíces dañara las menos maduras y la pureza de su trigo así como los buitres que buscan alimentarse primero de la mejor carroña. Por todo ello le quitó su costal y la expulsó de su campo con gran furia.

Al ver a la tercera mujer, el dueño del campo observo que apenas si podía caminar cargando los tres enormes costales llenos al tope de su trigo. El dueño se compadeció de la aguerrida mujer y juzgó su necesidad como justa por lo que no solo le permitió quedarse con el trigo de sus costales y el de las otras mujeres sino que además le ordenó a dos de sus hombres que la ayudaran a llevar su carga, despidiéndose de ella con gran ternura.”

Esta es la historia que conté a los gentiles, ahora ustedes discípulos míos, imaginen por un momento que el campo de trigo es el Reino de los cielos y que el Dueño del campo es nuestro padre todo poderoso, Dios.

La primera hermana ve el Reino de los Cielos y ve que el camino es peligroso y lleno de obstáculos y piensa que la recompensa no es tan alta a pesar de que su necesidad es grande. Por todo ello solo camina dos pasos y se sienta a esperar que el Reino venga hacia ella.

La segunda hermana ve el mismo camino y piensa que no es necesario recorrerlo todo sino que basta con acercarse un poco así que salta un par de obstáculos, los menos peligrosos y se sienta a esperar su recompensa pensando que ya ha ganado las llaves del Reino.

La tercera hermana ve el mismo camino y acepta recorrer todo el camino y atravesar los obstáculos, no solo porque su necesidad es grande sino porque en su corazón piensa que es lo correcto. En su camino encuentra a sus dos hermanas e insiste en llevarlas con ella aun sabiendo que deberá ayudarlas a cruzar los obstáculos y hasta cargarlas.

Cuando Dios nuestro señor ve que la tercera mujer no solo ha aceptado en su corazón el peso de atravesar el camino sino que además ha aceptado sacrificarse por sus hermanas el señor la recompensa aliviando su carga y dándole un lugar especial en su Reino.


Y yo os digo que llegará el día que nuestro señor recorrerá el camino y expulsara de él a los cobardes y a los indecisos mientras que aliviará a los que se sacrifican por alcanzar sus dones. 

23 oct 2013

LAS LÁGRIMAS DE DIOS



“Existe algo de magia en el hecho de creer” ese misterioso letrero se encontraba en la entrada del bosque prohibido, un lugar en el que no se podía entrar bajo ninguna circunstancia. Las leyes del reino lo prohibían. La pena para el que entrara era la muerte, pero jamás se aplicó esa pena a nadie, pues nadie que se hubiese aventurado allí volvió.

Pero incluso si no existiera ninguna ley que prohibiera la entrada, nadie en su sano juicio entraría. Allí siempre hay oscuridad, incluso a pleno día. Los arboles tapan el sol. Hace mucho frío y hay un silencio espectral que solo es roto por tétricos aullidos y toda clase de sonidos misteriosos.

¿Por qué alguien entraría en un paraje tan oscuro? yo os diré porque, por necesidad. Sí, fue la urgencia y la necesidad las que me trajeron aquí, a este paraje maldito que hasta la sangre hiela.

Me llamo William y soy un soldado del reino del sur. Desde que tengo memoria he sido un soldado, antes de eso era solo un mueble o incluso menos que eso. Mis padres murieron cuando yo contaba con seis años. Mi único padre es el Rey, a quien he sido leal desde siempre a pesar de que nunca lo he visto.

Durante años vagué en las calles sobreviviendo como podía hasta que cumplí los 13 años, edad en la que podía entrar al ejército real. Como este es un reino pacífico nunca tuve que probarme en batalla y nunca destaqué de ninguna forma, siempre fui un simple soldado más uno de los cientos al servicio del Rey.

Pero hace unos días el Rey enfermó gravemente. Según supe se encuentra postrado en la cama con una fiebre alta. Los médicos lo desahuciaron, le dieron 20 días.  Una tarde gris, mientras hacia mi ronda diaria escuché el llanto de una joven. Como era mi obligación fui a comprobar lo que sucedía.

Para mi sorpresa encontré a la mismísima princesa. Estaba sentada bajo una fuente y lloraba desconsolada. Era como ver una flor empapada por la lluvia. Su belleza era conocida incluso en otros reinos. Su piel era suave y tersa como un pétalo. El azul de sus ojos no sería opacado ni por cien anocheceres. Y su pelo se extendía como las dos enormes alas de un cuervo. Sus labios eran de un rojo manzana.

-¿Qué puedo hacer por vos, princesa?—Le pregunté a pesar de que sabía mis limitados recursos. Ella me miro y por un instante no pude moverme, estaba como paralizado por su belleza.

-La muerte es inevitable, nadie puede burlar sus fríos dedos. Aun así, nunca le dedicamos mucho tiempo a ese pensamiento porque es peligroso. Podría enloquecernos, podríamos volvernos despiadados y crueles o angustiarnos hasta el punto de no dejarnos vivir. Pero hay momentos en los que hay que afrontar la verdad, todos vamos a morir—dijo la princesa mientras derramaba unas tiernas y dolorosas lágrimas.

-Y si hubiera una forma de detener la muerte, aunque implicara romper varias reglas, ¿Qué me dirías princesa?—dijo la voz gutural de una anciana que acababa de aparecer misteriosamente. De inmediato desenfunde mi espada con idea de atravesarla ya que no solo su presencia era extraña si no que había traído ideas peligrosas. La anciana tenía un aspecto inocente y su pelo era blanco como la nieve. Su cara era arrugada pero tierna. Llevaba puesta una túnica gris y era una mujercilla pequeña e insignificante. Sin embargo, no baje la guardia.

-Deja que hable—suplico la princesa. Aunque éramos de la misma edad, ella pensaba más como una niña ingenua mientras que mi experiencia en las calles me hacia desconfiar de un ser tan extraño. A pesar de eso permití que tomara la palabra.

-Para empezar  es evidente que si quieres salvar a alguien que está predestinado a morir, la primera regla que debes quebrantar es la de la naturaleza. Pero aparte de eso. Existe en este reino un bosque cuyo paso está prohibido y con mucha razón pues los seres que moran allí harían temblar a los que moran en el infierno. Pero allí también hay un manantial cuya agua cura cualquier enfermedad, son las lágrimas que Dios derramo por la humanidad. Tocar esa agua condena a cualquier persona al infierno a no ser que el mismo Dios te las de, pero él no otorga esos dones a cualquiera.

-Princesa, no creas ni una palabra de lo que dice esta mujer, su lengua solo arroja veneno pero no por mucho más porque la arrancaré ahora mismo—dije con decisión. Pero cuando lance el golpe la bruja desapareció y desde entonces no la volvía a ver.   

Pero la princesa estaba decidida a entrar en el bosque a cualquier precio ninguno de mis consejos la persuadió. No puedo decir que no la entiendo. Yo mismo daría cualquier cosa para revivir a mis padres por muy alto que fuera el precio.

No hubo forma de persuadirla. Ese mismo día partió hacia al bosque en busca del manantial. Pero yo estaba alerta, sabía que lo haría, tiene la osadía de la juventud. La seguí hasta las puertas del bosque y le impedí que entrara.
-Detente, princesa—le dije—si entras allí violaras las leyes del reino, como soldado real no puedo permitirlo. Para mi sorpresa, la princesa desenfundo su espada. Ignoraba que tuviera una. Pero luego recordé que le enseñaron esgrima desde que era pequeña.

-Apártate soldado—dijo—mientras me lanzaba un golpe con su espada que casi me hace caer. Era una mujer muy fuerte, no hay duda.

Empezamos a luchar y ella me atacaba como si fuera el peor de sus enemigos. Parece que una mujer ama u odia, no hay una tercera alternativa. Su determinación era demasiado grande así como su habilidad para la lucha. Tuve muchos problemas y en más de una ocasión su espada rozo mi cuello. No salí bien parado de esa pelea. Sin embargo, a pesar de su destreza ella nunca ha estado en una pelea real en la que tu vida está en juego. La diferencia fue muy mínima pero al final pude desarmarla sin hacerle daño. Sus ojos se llenaron de lágrimas, supongo que era una mezcla de rabia e impotencia.

-Yo lo haré princesa—le dije, y me miro sorprendida—yo soy un soldado real, si alguien debe arriesgar su vida por el Rey, ese soy yo. Solo le pido que me dé un día y que en ese tiempo no entre al bosque bajo ningún concepto.

Ella acepto, todavía estaba muy sorprendida. Le prometí que volvería con el agua que salvaría a su padre y de inmediato supe que esa promesa tenía implicaciones muy grandes. La verdad, no soporte mirarla allí tumbada en el suelo. Era tan hermosa y fuerte, no podía soportar que sufriera tanto dolor. Ella es de la realeza, juré dar mi vida por proteger la casa del Rey, esa promesa me ataba, pero la verdad es que realmente deseaba proteger a aquella joven, supongo que eso es lo que llaman amor. También quería darle algún significado a mi vida. Y por todo eso es que estoy aquí, en este horrible paraje.

Solo llevaba un par de minutos caminado cuando noté una presencia y luego la vi. Era una mujer con un extravagante vestido victoriano. Su pelo era verde y con risos que caían por su espalda.  Sostenía un curioso paraguas en la mano y tenía una risilla aguda.

- ¿Cómo te llamas? y ¿Qué te parece tan divertido?—pregunté. Hace tiempo que había desenfundado mi espada, solo estaba esperando el momento justo para atacar.

-Soy Karen, habitante de este bosque. Lo que me divierte es que  hoy no es mi cumpleaños y, sin embargo, mírate, me han traído un juguete—dijo con una voz dulce de niña—hace siglos que ningún humano nos visitaba, me pregunto cuanto tiempo tardarás en enloquecer—dijo y su voz se oscureció de forma aterradora.

Se acercó a mí, toco mi espada con uno de sus dedos y la hoja se deshizo. Definitivamente no era una humana, ni tampoco un monstruo vulgar.

-He venido a buscar un manantial, ¿Sabes donde puedo encontrarlo?—le pregunté

-Buscas las lágrimas de Dios. Pero no son para ti. Que interesante. Estás dispuesto a condenarte al infierno por otra persona…., una mujer, que romántico. Y lo más probable es que te maten después de haber cumplido tú misión ya que estás violando las leyes del reino. Eres muy divertido. Me caíste bien, porque tanto si cumples tu misión como si no, en ambos casos te irás al infierno y podremos jugar eternamente—dijo mientras se reía. Era una mujer hermosa pero tétrica y temible, era bastante claro que se trataba de alguna especie de demonio.

- ¿Eso quiere decir que me ayudarás?—Pregunté ilusionado.

-Bueno, juguemos y si ganas te daré un pequeño empujoncito, pero si pierdes te daré otro empujón, pero al infierno—dijo mientras reía tétricamente.

-De acuerdo—respondí. No tenía otra alternativa.

-Bueno, déjame ver que tal funciona tu mente. Tu historia me recuerda mucho a un hombre que fue acusado de robar y condenado a muerte. Pero el Rey era justo y valoraba la inteligencia así que le dijo al hombre que podía morir envenenado o en la hoguera pero que lo indultaría si decía una frase que si resultaba ser cierta lo condenaría a la hoguera y si resultaba ser falsa lo condenaría a morir envenenado. Dime soldado, ¿Qué frase dijo el ladrón para salvarse?—dijo la mujer soltando una risilla estridente.

Nunca he sido bueno  para resolver ese tipo de acertijos pero debía resolverlo, había hecho una promesa. Pensé en la situación del ladrón y en lo mucho que nos parecíamos, yo también había venido a robar y también estaba entre la espada y la pared, moriría de cualquier forma y de cualquier forma iría al infierno. Así que pensé detenidamente en la situación. El ladrón debía decir una frase que de ser cierta significa que morirá en la hoguera y de ser falsa significa que moriría envenenado. Era algo retorcido pero también era lógico. Pensé que el ladrón solo tenía dos opciones morir en la hoguera o morir envenenado. Y dijera lo que dijera, para que la frase fuera cierta, sus palabras debían condenarlo a la hoguera. Cuando llegué a esa conclusión supe como resolverlo.

-“MORIRE EN LA HOGUERA”—dije—esa es la respuesta

-Sí, definitivamente morirás en la hoguera—dijo Karen maliciosamente—pero por ahora haz resuelto el acertijo, te felicito.

Era una respuesta lógica. El ladrón tenía dos formas de morir. Si la frase “moriré en la hoguera” era cierta el ladrón moriría en la hoguera y si era falsa significaba que moriría envenenado, de esa forma el acertijo quedaba resuelto. Aunque no me gustan los ladrones, deseaba que el ladrón se hubiese salvado ya que ambos parecíamos compartir un destino similar.

-¿Me ayudarás ahora?—pregunté.

-Hubiese sido más divertido que hubieras perdido, te habrías quedado conmigo para siempre. Pero como ganaste cumpliré mi palabra. El manantial está a quinientos metros hacia el norte de aquí y como premio por resolver el acertijo te dejaré seguir. Pero no creas que ya está todo hecho. No basta con llegar al manantial, también deben dejarte entrar y el guardián que cuida la entrada no es tan gentil como yo. Nos vemos en el infierno—dijo, mientras desaparecía y el eco de su sonrisa rebotaba en el oscuro bosque.

Camine los quinientos metros abriéndome paso entre la maleza con mis propias manos. A mi camino escuchaba gritos aterradores. Me cruce con toda clase de criaturas cuya monstruosidad no puedo describir con palabras. Pero todas me ignoraron, al parecer aquel demonio llamado Karen me había concedido un favor más, su protección. Por alguna razón le caí bien pero creo que la volveré a ver en el infierno. Su diablo ha bailado con mi demonio y la canción del violinista está lejos de terminar.

Finalmente llegué. Vi un manantial enorme, tenía más el aspecto de un lago, supongo que Dios derramo muchas lágrimas por nosotros. No puedo describir el color del agua pues despedía un brillo que me cegaba. Y frente al manantial estaba su guardián. Tenía un rostro hermoso pero no podría decir si era hombre o mujer. Su cuerpo era delgado y llevaba puesta una túnica blanca. De su espalda salían dos enormes alas, una blanca y otra negra.  Y alrededor de él flotaban algunas plumas. Me acerque a él con idea de entablar alguna conversación pero no pude ni dar tres pasos. Había una especia de barrera que lo impedía.

-Soy Lucifer—me dijo—ya sé, te estás preguntando que hace el padre de la maldad protegiendo un lugar tan puro. Este manantial es el símbolo mismo de la maldad y de la crueldad. Todos los humanos estáis destinados a morir pero Dios puso en la tierra un lago que evita la muerte ¿Para qué? Para torturar a los humanos como tú, darles una esperanza y después arrebatársela.

-Basta de palabras—dije y mi respuesta lo enfureció—no vine a escuchar tus discursos no me importa ni Dios ni el diablo, vine a cumplir una misión y conozco el precio del éxito y del fracaso. ¿Me dejarás pasar?
-Me muero de ganas de que llegues al infierno, puedo torturarte de formas que ni imaginas y eres la clase de persona que encaja allí. Tan valiente, tan resuelto, tan dispuesto a sacrificarte por los demás a pesar de que tu vida siempre ha sido decepcionante y de que no hay nadie en el mundo a quien le importes. Solo por eso te daré la oportunidad de que toques esa agua. Pero si no puedes hacerlo permanecerás aquí hasta que mueras y luego te llevaré al infierno, yo mismo recogeré tu alma.

-El precio ya ha sido establecido, ¿Qué debo hacer para entrar al manantial?—pregunté ansioso. Tenía el tiempo en mi contra. No solo me preocupaba que el Rey se muriera sino que la princesa se desesperase y entrase al bosque, si lo hiciese moriría aquí.

-De acuerdo, amigo William. Para coger este preciso líquido debes averiguar la forma de atravesar esta barrera. Lo normal es que la gente pase años pensando en este sitio hasta que mueren. Nadie nunca ha tenido éxito. Pero como quiero que triunfes y te vayas al infierno te daré una pista. Resuelve este acertijo y sabrás como obtener lo que quieres: “ni el fuego la quema, ni el agua la moja, ¿Qué es esta cosa?”

Una persona tiene que estar desesperada para aceptar la ayuda del diablo, desafortunadamente, esa era mi situación. Más acertijos en la oscuridad. Parece que las palabras tienen un poder distinto en este bosque. Pensé largamente acerca de la pista que me dio al diablo.

¿Realmente existe algo que resista el fuego y a la vez el agua? Uno pensaría que o resiste una cosa o resiste la otra. Le di vueltas a esa idea y llegué a la conclusión de que ese algo no debía ser material. Pero definitivamente no era el aire ya que este reacciona al fuego transformándose en humo. Debía ser algo sin materia. Luego pensé en la barrera. Era evidente que no dejaba pasar a nadie, solo a los seres como Lucifer, pero estos seres son energía, yo no diría que tienen un cuerpo.

A pesar de lo que el diablo dijo, debe existir una forma en la que un hombre acceda al manantial, de lo contrario ¿Qué sentido tendría la existencia de aquel lugar, era para torturarnos? No, incluso el demonio había dicho que existía una forma de entrar.

Por tanto pensé, que un hombre debía poder entrar, pero no físicamente él sino una parte de él que no fuera materia. Me examine de arriba a bajo, hasta que llegue a mis pies y me di cuenta. Todo el bosque era oscuro, el único lugar en el que había luz era allí, la que procedía del manantial. Entonces vi una parte de mí que era capaz de atravesar cualquier barrera, MI SOMBRA!!!

Me aleje un poco del manantial y vi como mi sombra se alargó un poco hasta que finalmente pude tocar el agua con la sombra de mi mano. Sentí el agua y de inmediato todas las heridas que tenía se cerraron. Después saque un frasco y con la sombra de él cogí un poco de agua, entonces el frasco se llenó mágicamente.

-Esplendido, no solo has resuelto el acertijo sino que enseguida tocaste el agua. Eso me autoriza para ponerte mi señal, tranquilo, no duele, solo es el símbolo de que tu alma me pertenece y que la recogeré cuando mueras—dijo Lucifer alargando una de sus manos de la que salieron cinco espantosas garras.

Sabía que ese era el precio pero estaba tan contento por haber cumplido con mi misión que ni siquiera opuse resistencia, ni sentí tristeza alguna. Salvaría al Rey y la princesa tendría una sonrisa en su cara de nuevo. Sus garras estaban a unos centímetros de mi frente cuando su cara de felicidad se transformo en cara de horror y se alejó rápidamente. Que extraño, pensaba que aquel ser había sido creado de tal forma que no temiese a nada.

-Es por mí, yo hago vivir y hago morir, eso infunde respeto—dijo una voz familiar. Era la anciana que nos había contado lo del manantial. Al parecer tampoco soy muy bueno juzgando a la gente. Quien quiera que fuese era lo suficientemente poderoso para asustar al demonio.
-Hola anciana, ¿Qué haces aquí?—dije

-Eres un estúpido—dijo Lucifer—esta es la clase de criatura patética a la que tanto amas, una que ni siquiera es capaz de reconocer a su padre cuando lo ve. Por ellos despreciaste incluso a tus más fieles seguidores, nosotros, tus hijos primogénitos.

-Puede que él no me conozca ni me haya visto nunca, pero cree en mí, eso es lo que hace grande a los humanos, ¿Por cuánto tiempo más seguiremos discutiendo lo mismo? Recuerda que somos inmortales, tenemos toda la  eternidad.

-Su alma es mía, me pertenece. ¿Recuerdas la regla, verdad? El que toque el agua irá al infierno, tú mismo estableciste esa clausula—argumento con habilidad el diablo.

-Es cierto. Pero también hice otra clausula que anulaba la anterior. El castigo se anula si yo mismo le doy mis lágrimas. Al final voy a ser más listo que el diablo—dijo con dulzura la anciana mientras me miraba—oh, vamos Luzbell, ¿De verdad crees que este hombre habría llegado hasta aquí sin mi ayuda? Pensaba que eras más astuto.

-No vuelvas a llamarme así, mi nombre es Lucifer. Siempre sucede lo mismo. Les dices a los hombres que vivan su vida con libertad y que se cuiden ellos mismos pero cuando están en problemas los rescatas, ¿A eso llamas libre albedrío?—dijo el demonio y no pude evitar pensar que tenía parte de razón. Sus argumentos eran muy fuertes. Menos mal que no hablamos demasiado. Sin darme cuenta estaba presenciando un combate terrible en el que las palabras eran capaces de herir la mente.

-Siempre olvidas que soy todopoderoso, tal vez porque tú no lo eres. Olvidas que todo lo que suceda, tanto lo bueno como lo malo, lo esperado y lo inesperado, procede de mi voluntad directa. Yo soy el que da el último visto bueno. Podría dejar morir a la mitad de la humanidad y salvar a la otra mitad. Podría ayudar al soldado o dejar que muriera. Sin embargo, sí existe el libre albedrío porque lo que altera mi voluntad es el comportamiento de los hombres y ese comportamiento es impredecible hasta para mí. Yo le dije al soldado que existía una cura para su Rey,  pero solo él sabía si iba a venir a buscarla. Quizás no habría venido si la princesa no hubiese venido y a su vez la única que sabía si iba a venir al bosque o no era la princesa. Como ves, no es que yo los ayudé sino que ellos se ayudan. Una cosa que alguien puede impedir y no lo hace, sino que permite que suceda, puede considerarse que procede de su voluntad. Esa es mi forma de actuar—dijo la anciana

Finalmente mi corto cerebro pudo comprender que aquella anciana era él mismísimo Dios en persona. Al mismo tiempo que mi mente tuvo esa revelación vi como el cuerpo de la anciana empezó a tener un brillo blanco misterioso.

-Una vez que crees lo ves, mi querido William, leíste el cartel de la entrada “existe algo de magia en el hecho de creer”, yo mismo lo escribí, ¿Original, verdad?—me dijo Dios,  mientras la luz me cegaba.

-Veo que están todos reunidos, ¿Por qué nadie me llamó?—dijo Karen, quien había aparecido misteriosamente. Su cabello había cambiado de color, ahora era rojizo y su vestido era negro.

-Hola mi pequeña—dijo Dios a la vez que la abrazaba tiernamente—Conoces a mi hija, ¿Verdad soldado? Le gusta jugar mucho pero es una buena chica y también tiene un duro trabajo. Es la encargada de recolectar las almas de los hombres, es el ángel de la muerte.

-Hola Lui—dijo Karen saludando con una mano al demonio, quien pareció irritarse.

-Siempre has sido muy molesta, un ser con tus poderes se rebaja a ser la mandadera de Dios y encima no tienes ningún problema en congraciarte con los humanos. Tú y yo podríamos divertirnos mucho más. Te daría más poder del que puedes imaginar y te sentarías a mi lado como mi igual—dijo Lucifer, semejante a la luna por su belleza.

-¿Sentarme a tu lado? Pero si tú eres muy aburrido. Los seres humanos son más interesantes. Imagina que te dijeran desde el momento mismo en que naces que  pase lo que pase tu vida tiene un límite y que tarde o temprano morirás y que eso puede suceder en cualquier momento. Con lo delicado que eres seguro que te volverías loco. Pero ellos de alguna forma logran bloquear ese pensamiento  y vivir su vida plenamente, incluso experimentan formas de felicidad que tú ni siquiera llegas a imaginar. Además en el infierno hace mucho calor—dijo Karen mientras soltaba una estridente carcajada

Lucifer se enfureció tanto que saco una enorme espada roja y ataco a la joven. Pensé que la mataría pero ella desenfundo su propia espada con una rapidez sobrehumana y detuvo el golpe. La onda que produjo el choque de las espadas me hizo caer al suelo. Karen que se había mostrado como una joven risueña ahora parecía una guerrera temible.

-Ya basta—dijo Dios, quien todavía tenía la forma de una anciana. Al instante ambos bajaron sus espadas.

-Ya ha sido suficiente por hoy, pero sé que tarde o temprano nos volveremos a ver, soldado—me dijo de forma amenazadora y luego desapareció.

Como todos me hablaban con tanta familiaridad no me había percatado que estaba ante la presencia del mismo Dios así que aprovechando que estaba en el suelo, me arrodillé ante él y le agradecí profundamente que me hubiera permitido llegar hasta aquí y por todo lo bueno que había en mi vida. Me hizo un gesto para que me levantara así que me puse en pie.

-Tenemos que hablar, fiel soldado. Tu valor y tú voluntad de sacrificarte por los demás me ha recordado porque amo a los humanos. Sin embargo, debes saber que nadie puede escapar de la muerte, mi hija Karen te lo dirá. De lo contrario, ¿Qué sentido tendría el reino de los cielos? El Rey ya ha muerto. Vivió una larga y feliz vida rodeado de los seres que más amaba y ahora está descansando en mi propia casa—dijo Dios
Sin darme cuenta derrame unas cuantas lágrimas, hace tiempo que no lloraba. Había olvidado lo bien que se siente, el dolor parece escaparse por los ojos. Estaba cansado, jugué con la muerte, hable con el diablo y  conocí a Dios y después de todo lo que había pasado nada de lo que hice sirvió. Fallé en mi misión. Casi podía escuchar el llanto de la princesa. La imaginaba de rodillas mirando al sol y preguntándose ¿Qué salió mal?  

-Ella lo superara—dijo Karen—créeme lo he visto muchas veces. Además es mucho más fuerte de lo que crees. Después de todo es la próxima Reina. Este dolor le dará la firmeza que necesita para dirigir este reino. Lo importante es que estés a su lado. En estos momentos no confía en nadie más que en ti.

-Llévate mis lágrimas contigo. En realidad, no tienen ningún poder. No es más que agua que derrame amargamente. Las escondí para que ningún humano fuera testigo de mi debilidad. Pero la razón por la que te dije que vinieras es porque necesitabas aprender todo lo que aprendiste hoy para servir con valor y lealtad a tu nueva Reina. Ella es muy joven y te necesitará. Lucifer no se ha ido ni se irá nunca. Este mundo le pertenece, él era su señor mucho antes de que existieran los humanos. Él ronda la tierra y le gusta promover guerras y desgracias. Pero cuando veas estas lágrimas recuerda cuanto amo a la humanidad eso te proporcionara un escudo muy fuerte.

Salí del bosque justo cuando el sol empezaba a salir. Sostenía en mano derecha el frasco con las brillantes lágrimas de Dios. La princesa estaba a punto de entrar en el bosque pero pude tomarla del brazo justo a tiempo. Había cumplido su palabra, me espero un día completo.

Se alegró mucho al ver que había cumplido con mi misión. Le conté muchas cosas pero le oculté muchas otras. No le dije que había hablado con Dios. Pero le dije que había hablado con la muerte. Le dije que su padre había muerto y que no había forma de revivirlo y cuando lo dije no mostré ni la más mínima señal de debilidad ni de tristeza.

-No llores princesa. Ya no eres más una niña, ahora eres la Reina y tienes en tus manos las vidas de miles de personas. Tu debilidad es nuestra debilidad—le dije mientras sostenía su mano con la mayor delicadeza. Su gesto se endureció, se puso en pie y levanto la cara con orgullo. Sus lágrimas se detuvieron y pude ver sus magníficos  ojos azules. Me miro fijamente y luego dijo “vamos”, fue entonces cuando supe que estaba ante una Reina a la que podía servir con lealtad.

Muchos años han pasado desde que tales hechos acontecieron. La princesa me nombro su consejero. Para ser franco nos une algo más que la simple relación entre un señor y su vasallo. Supongo que es normal, nada es amado hasta que no es conocido primero.

Lucifer y Karen han seguido rondando este reino y durante este tiempo he tenido numerosos encuentros con ellos. El diablo se ha obsesionado con nuestro  reino y siempre atrae alguna desgracia, siempre hay algún muerto. Parece que Dios y él estuvieran jugando una enorme partida de ajedrez y que nosotros fuéramos las fichas. A pesar de todo, el demonio nunca nos ha atacado directamente ni a la reina ni a mí. Parece que su juego se rige por normas que no alcanzo a comprender.

Hemos afrontado golpes muy duros y hemos visto gente muy preciada morir. Pero la Reina es muy fuerte y el reino ha prevalecido. Pero en homenaje a la brevedad, supongo que esta no es la historia de como fracase en misión de salvar a mi Rey sino de como triunfe en mi misión de encontrar y proteger a su digno sucesor. Cuando miro las lágrimas de Dios siempre pienso en lo poderoso que es y creo que aquello que tiene poder sobre el motivo también tiene poder sobre el resultado.











22 oct 2013

EL AUTOBUS DE LA RUTA SIETE (CUENTO)

EL AUTOBUS DE LA RUTA SIETE




Cada día a la misma hora, hago la misma rruta, día tras día. Abordo el mismo autobús, el que cubre la ruta siete. Puntual como siempre, a las seis, ese nivel de precisión siempre me has sorprendido. También me gusta el color gris del autobus, me parece como una limosina para el pueblo.

Hoy el conductor ha sido especialmente amable conmigo, algo bastante extraño porque suele ser un poco huraño. Otra cosa que me sorprendió es que el autobús estaba extrañamente vacío, tanto, que no tuve problemas para encontrar un asiento libre, quizás hoy es mi día de suerte.

Poco a poco el bus se fue llenando de gente. Una señora de unos sesenta y tantos se sentó a mi lado, parecía una mujer dulce, llevaba un vestido de flores que me resultaba familiar, pero bueno, todas las mujeres mayores llevan vestidos similares.

-Hay quien dice que el alma vive para siempre, espero que no—comentó la anciana, parecía querer hablar conmigo y yo le correspondí.

-Mucha gente no estaría de acuerdo, por ejemplo, más de la mitad del mundo. Casi todas las personas creen que existe la vida eterna—dije

-Eso crees, pero lo cierto es que cuando estás demasiado tiempo en un sitio al final te hartas y te sientes atrapado, te lo digo por experiencia. Ahora piensa que la eternidad es demasiadotiempo—me dijo la anciana que tenía una voz muy desgastada. Poco después se bajó del autobús.

Llevo años subiendo a este autobús y nunca nadie había cruzado ni una sola palabra conmigo. Apenas me estaba recuperando de aquella conversación cuando un hombre que debía tener más o menos la misma edad que la anciana subió al autobús y se sentó a mi lado.

-¿Tienes hijos?—me preguntó aquel hombre, a pesar de que no llevaba ni cinco segundos sentado a mi lado, parece que hoy todo el mundo quiere hablar conmigo.

-No, no tengo hijos, supongo que no he encontrado a la mujer adecuada—contesté.
-Yo tuve un hijo llamado James y solía decirle “haz siempre las cosas que temas hacer”, espero que me haya hecho caso, porque si la vida a veces da miedo no quiero ni imaginar cómo será la muerte—dijo el anciano con una voz muy tétrica.

-Es muy probable que su hijo se encuentre bien, la muerte es el final de todos los caminos—le respondí, a pesar de que me parecía una conversación muy desconcertante, pero en fin, supongo que eso es lo que pasa cuando te montas en un autobús público.

-Tal vez tienes razón, pero por si acaso, sigo rezando para que encuentre la paz eterna—sentenció el anciano y poco después se bajó del autobús.

Vaya, hoy a toda la gente le ha dado por hablar. No es que me queje, siempre he sido una persona muy sociable. Aún me quedan unas cuantas paradas para llegar a casa, y como siempre, veré ponerse al sol a través de la ventanilla de mi asiento, todo un clásico de mi ruta.

El bus hizo otra parada y toda la gente se bajó de golpe, pensaba que habíamos llegado al final. Tal vez se había averiado el autobús. Pero no era así, una persona subió, el bus volvió a andar pero una extraña oscuridad lo lleno todo. Al principio creí que el sol se había puesto, pero aún estaba en lo más alto. Solo ha subido una persona y tiene un aspecto un poco siniestro. Es un hombre, va todo de negro y es un poco pálido, supongo que será uno de esos “góticos”. Había una gran cantidad de asientos libres para sentarse y, sin embargo, se sentó a mi lado, me pareció un poco sospechoso pero a lo mejor se sentía solo.

-Cuando algo acaba, siempre sueles pensar en cómo empezó—dijo aquel hombre tenebroso. Decidí que lo mejor era conversar con él, podía enfadarse si no lo hacía.

-Bueno, pero mi padre suele decir que nada acaba de forma definitiva si hay algo que te lo recuerda—contesté.
-Esa frase nunca ha sido más cierta que en este momento. Pero el caso es que hay ciertas cosas que deben llegar a su fin, de lo contrario el universo se colapsaría. Sí, amigo mío, hay cosas que deben desaparecer para dejar paso a otras. La vida es como un río corriendo a través de una presa, su flujo debe ser constante, si se atasca, el río se desborda arrasándolo todo. Recuérdalo—dijo aquel hombre cuya cara ya no recuerdo y luego se bajó del autobús y la luz volvió a inundarlo todo. Se fue de la misma misteriosa forma en la que llegó.

El autobús hizo otra parada, pero esta vez no volvió a arrancar y todo pareció detenerse. Pensé que el vehículo se había averiado y me iba a bajar, pero de repente las puertas del autobús se abrieron. Un hombre con una especie de túnica blanca subió y se dirigió hacia mí.

-¿Quién.…?
-Soy Dios—me dijo sin darme tiempo ni a acabar mi pregunta, definitivamente hoy era un día especial, no todos los días Dios viaja contigo en el autobús, o tal vez sí, ¿Cómo saberlo?

-Esto tiene que acabar James—Dios sabía mi nombre, si lo piensas bien, es asombroso—ya hace tres años que estás atrapado en esta especie de ilusión, es hora de que avances—dijo Dios con tranquilidad.

-Yo…no sé a qué te refieres—dije totalmente sorprendido
-Hace tres años te dio un ataque al corazón y moriste. Ignoro porque tu alma se refugió en este autobús en vez de cruzar al lugar que pertenece por naturaleza, mi reino. Mucho tiempo te he esperado y debes saber que no te he abandonado, siempre tenía un ojo sobre este autobús.


-Yo…yo, no sé qué pensar, no recuerdo nada, solo recuerdo que he salido del trabajo y que me dirijo a casa—contesté con nerviosismo.
-Ya lo sé. Cuando el cuerpo muere normalmente el alma tarda algo de tiempo en saber lo que ocurre y luego simplemente encuentra el camino. Pero a veces algunas almas como la tuya, por alguna razón que desconozco, no recuperan la memoria y se estancan en un bucle, eso es lo que te ha pasado a ti. Llevas tres años metido en este autobús. Sabía lo que estaba sucediendo, por ello te envíe un par de visitas. El primer año vino tu madre, pero no la reconociste. El segundo año envíe a tu padre, pero el resultado fue el mismo. El tercer año no sabía a quién enviar. Entonces, la muerte en persona se me adelanto y vino a visitarte. Es uno de mis Ángeles más queridos y se preocupa por todas las almas. Su visita fue muy efectiva porque reaccionaste pero finalmente he tenido que venir yo.

-Aquella anciana, el hombre mayor y aquel hombre tenebroso…. ¿Tres años? Pero si parece que no llevo más de veinte minutos en este autobús—dije
-El tiempo es una invención humana, cosa que tú ya no eres. Ahora eres inmortal como yo. Así que este viaje te ha parecido más corto de lo que realmente ha sido. Pero ya ha llegado a su fin. Sabes eso que dicen de que yo soy un “pastor” y vosotros mis “ovejas”, pues  es cierto y siempre acudo cuando alguna se extravía. Ahora debemos irnos, pero tranquilo, en mi reino podrás vivir en un autobús si así lo deseas—dijo Dios y aunque  creí que estaba bromeando, no era así.

Siempre me han gustado los autobuses, nunca sabes a quien te vas a encontrar, supongo que por eso mi alma creó esta especie de bucle. Mi padre solía decir que cuando estás perdido debes ir a un sitio en el que sepas que tarde o temprano encontrarás a alguien que te ayude.

Entradas populares